La tiranía detrás del “Me divierte” de Facebook

Hace algunos años, justo antes de que Facebook habilitara sus reacciones como una extensión del famoso botón “Me gusta” y las cuales dieron a las personas más opciones para reaccionar con rapidez y facilidad a las diferentes publicaciones, vi una que me dolió demasiado. Se trataba del asesinato de un periodista que cubría una de las subregiones del departamento de Antioquia para un noticiero. Antes de entrar a leer la información, me detuve en la inmensa cantidad de “Me gusta” que la acompañaban. Tras ponerme en contexto, escribí a modo de comentario que no entendía por qué tanta gente le daba “like” a una noticia tan trágica, ante lo que me llegó una lluvia de ataques.

Me decían que yo era un bobo, que si no entendía que no era que les gustara la noticia, sino la forma en que estaba escrita (eso me dejó más confundido aún). Otros me dijeron que era una manera de decirle al medio que estaban con ellos por la pérdida de su compañero (pensé, sin contestarles a todos, que para eso podían dejar comentarios dándoles el pésame y mostrando su rechazo a la violencia). Por mi parte les decía que yo, en caso de ser amigo o familiar de la víctima, sufriría demasiado al ver tantos “likes” puestos de modo apresurado e indolente.

Mejor dicho, se dio una gran discusión bizantina, una de esas en la que cada parte nunca puede llegar a probar sus aseveraciones a sus contradictores, y en la que básicamente me llené de insultos y recibí pocos argumentos que me hicieran entender por qué tenían esa necesidad de darle “Me gusta” a noticias tan desgarradoras. En definitiva, en redes no es necesario estar reaccionando ni opinando sobre todo lo que aparece porque, tal y como dirían los abuelos, “cuando no tengamos nada bueno que decir, es mejor callar”.

Una red bien particular, bien Zuckerberg

¿Será que Facebook es una red en la que prima la reacción sobre el pensar y el sentir? ¿Acaso no hay suficientes memes con los que podemos utilizar el “Me divierte” sin tener que hacerlo justo en la noticia de alguien del Gobierno que murió por COVID-19? (nos gustara o no la persona) ¿No podría evitar Facebook la incomodidad que alcanzan a generar este tipo de reacciones en ciertos contenidos? (he visto cómo les toman pantallazos a quienes le dan “Me divierte” a una mala noticia y los ponen en la conversación, en la picota pública, acusándolos de malas personas).

¿Por qué será que casi todos los “Me divierte” incómodos son de hombres? (no tengo una estadística que lo compruebe, pero sí vengo observado eso hace meses y da pena). Pareciera que al tío Facebook solo le interesa que la gente opine y se manifieste, que genere tráfico dentro de su plataforma. Sin embargo, ¿no podrían aprender de las reacciones de LinkedIn, las cuales son 100% cordiales? (Recomendar, Celebrar, Apoyar, Encantar, Interesar, Dar curiosidad). Por ejemplo, la reacción de Facebook que consistía en una flor de color morado y que era usada para decirle “Gracias” a las madres en su día me parecía de lo más bonito.

¿No podría dar Facebook a quienes publican la opción de limitar las reacciones? ¿O de deshabilitarlas, como lo hace YouTube con los comentarios? (bueno, no faltará el que diga que eso es censura). Si es una noticia trágica, que la página o personas que la comparten puedan deshabilitar el “Me divierte”, pues muchos autoproclamados troles en serio se emocionan incomodando al otro por el simple hecho de querer hacerse notar, así como también hay usuarios que por el afán de reaccionar ni se dan cuenta cuál botón oprimen.

El botón “Me importa” es un buen intento, más empático y cercano. Sin embargo, en ciertos países ya lo quitaron por haber sido una iniciativa que se dio tras la llegada de la pandemia… ¿acaso ya se terminó? Por otro lado, hace algunos años (junio de 2017), se activó por un tiempo un botón de reacción a las publicaciones como parte de la celebración del Día Internacional del Orgullo LGBT, ilustrado con la bandera arcoíris, pero que fue tomado por mucho para ridiculizar.

El botón “Me divierte” pudo haber sido concebido simplemente para reírnos, pero con el paso del tiempo y la deshumanización de las redes sociales se ha convertido en una herramienta para mofarse de la opinión del otro, esa que nos causa desagrado o no compartimos. Por ejemplo, en temas que giran alrededor del empoderamiento femenino sí que aparece esa carita con trasfondo burletero y machista. Definitivamente, aunque la empatía puede contagiarse, la falta de esta sí que más.

Citando a Lina Castañeda, compañera y colega en El Grifo, quien me habló muy al estilo de Fernando Vallejo en su libro Mi hermano el alcalde (“Y cuando queremos insultar más a un hijueputa, lo ponemos en diminutivo”): “Tras el ‘Me divierte’, a veces hay un hijueputica intentando ser sarcástico y mordaz”.

La conexión emocional tiende a romperse

Buscando respuestas a este fenómeno del que vengo hablando, conversé con una gran amiga y excelente psicóloga clínica llamada Natalia Pérez, a quien le indagué sobre las posibles razones que llevan a muchos a reírse del dolor ajeno de otros. Ella me contestó lo siguiente:

La inmediatez de respuesta y el bajo control del impulso ante la imposibilidad de hacer lo que “se nos da la gana” influye demasiado. Además, sin duda, la falta de empatía es determinante. Es muy común encontrar posturas en la actualidad que ponen a la mayoría de personas en un lugar en el que salvaguardan su individualidad, demostrando una dificultad enorme en la construcción y resguardo del lazo social. A partir de allí, vemos sujetos egoístas, ensimismados y solitarios, con un enorme desinterés por la construcción de familia y enfocados básicamente en ellos mismos. Esto tiene un efecto en la forma en que nos vinculamos con los demás, pues se imponen las necesidades particulares sobre las colectivas, volviéndonos frívolos en muchos de los casos.

Eso que mencionas de la aparente alegría frente al posible dolor de los demás se da a partir de una necesidad de ver “pagar” o “sufrir” a quien consideramos que está por encima de nosotros, vulnera nuestras necesidades o, en últimas, obstaculiza la materialización de nuestro deseo. Así mismo, la oleada de información exprés que nos llega sin profundidad, contexto ni forma, da lugar a un consumo irresponsable, pero facilitador de las dinámicas actuales, siendo suficiente para la mayoría. Entonces, ¿que será un like ante la noticia de la muerte de un ministro por covid? Porque, a mi modo de ver, es una respuesta igual de exprés, que no da lugar a la reflexión ni a la conexión emocional, sino a la satisfacción inmediata de las necesidades de pago y castigo. Estoy segura de que si se les preguntara cara a cara del porqué se alegran por el fallecimiento de otro, se encartarían con la respuesta, pues no es la muerte ni el hecho de que una familia perdiera a un padre, abuelo y esposo lo que les genera satisfacción, sino la posibilidad inmediata de decir que por fin pagó por no haber dado lugar a su necesidad, pedido o postura.

Considero que este es un asunto de individualidad contemporánea y de dificultad en el establecimiento del lazo social (exacerbado, además, por la pandemia). Los vínculos ahora son eso… likes, fotos que aparentan, emojis que suponen, citas que “van al grano” (Tinder). Lo profundo, el conocimiento del otro y el lazo social incomodan a una sociedad que va a mil por hora sin saber para dónde.
Cada usuario es responsable de los contenidos que genera, hay algunos aspectos que pueden ayudar a transmitir ideas de valor y no meras reacciones.

Inmadurez a la carta, inmadurez a la web

Para finalizar la construcción de este texto, quise redondearlo haciéndole una pregunta sobre la tentación del “Me divierte” a Joaquín Gómez, gran parcero, colega y docente de periodismo. Sus palabras me dejaron pensando bastante acerca de esa invitación constante que hacen las redes a expresarnos y decir lo que nos venga en gana:

Todo esto es un efecto de los flujos de la información que las redes sociales han propiciado. Primero, desde la comunicación sin filtros. Luego, a través de una exacerbación del individuo y sus emociones. De la mezcla de ambas, lo primero que sale sos vos y tu individualidad, cueste lo que cueste. Aquí lo que hay es un problema ético de fondo, una falta de empatía, pero esta circunstancia es la que conduce a todo tipo de relatos para justificar actuaciones que, además de no ser correctas, no representan más que un beneficio individual.

Dichas justificaciones y la exacerbación del individuo es lo que está reflejado en la situación que me planteaste con el “Me divierte”. Entonces, ese punto de vista desde lo individual se pone por encima de temas como la empatía, que finalmente es la que obliga a pensar en el otro y ponernos en sus zapatos, pero hoy en día todo el tiempo tenés un modelo de comunicación que siempre te está diciendo y preguntando “¿qué estás pensando?”, “¿qué querés decir?”, “¡exprésate!”.

Te ponen a pensar en clave de individuo y difícilmente en clave de conjunto. Básicamente todo esto es un problema ético que tiene al mundo como lo vemos, imposibilitado de conseguir y gestionar acuerdos, así como de hacer más cosas en colectivo.
Todavía no hemos aprendido a hacernos responsables de lo que decimos en las redes. El individualismo, entonces, nos convierte en cínicos y ególatras. Lo que en algún momento fue gracioso, ya es un síntoma preocupante de inmadurez emocional.

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