Cuando hay que decidir con qué “matar el tiempo”

Llamar la atención es tal vez el esfuerzo más recurrente de todos los que participamos en la red: sea porque se generan contenidos pensados desde la estrategia o porque quiere un mayor número de reproducciones en su Tik Tok. El asunto aquí es que los usuarios ya son más exigentes para seleccionar con qué quieren “perder el tiempo”. Si no me cree, ¿hace cuánto tiene una serie o película pendiente en su lista de Netflix?

El volumen de información acarrea un déficit de atención, y la lectura de palabras clave tras el escaneo de pantalla, es una manía, o mejor una forma de consumo, que hay que tener en cuenta a la hora de generar un contenido que entrará a competir en ese océano de caracteres e imágenes. 

Súmele a este asunto, que los algoritmos correspondientes a los magnates de la información (obvio ya no son los medios de comunicación) subastan clics a partir de perfilamientos cada vez más detallados, no solo de intereses, sino de estados anímicos que lo más probable usted desconoce de su audiencia. Digamos que ellos tienen mayor certeza del “me apetece” de su público objetivo.

¿Entonces qué queda para los que planteamos estrategias de marketing de contenidos? Ser éticos, punto.

La responsabilidad de desarrollar información, saber ciertas características de las audiencias para perfilarlas como aptas o no para las marcas que contratan el servicio, es la base para mantener la cabeza en alto en un negocio que cada vez tiene más poder. 

La gracia que tiene una herramienta, como llamamos inocentemente a las redes sociales y plataformas de consumo web, es que espera a ser usada. Característica para nada similar a como funcionan los magnates tecnológicos, donde se esmeran por crear audiencias adictas a una información que va creando su mundo, cómodamente familiar a sus gustos y creencias.

Si sabemos que creamos contenido para plataformas que parten de la base de analizar para capturar a como dé lugar la atención del usuario, lo mínimo es que el contenido sea de valor, que cuente con aspectos de respeto por la audiencia como la veracidad, la investigación y el valor agregado, al dejar que por lo menos, se aprenda a través de las publicaciones. O que mínimamente, genere un estado positivo en la audiencia. 

Insisto en esto porque siempre me pregunto por las agencias o profesionales que se contratan para los portales de noticias falsas. Sus estructuras amañadas en el morbo de la curiosidad, parecen construidas por quienes conocen el sentido básico del voyeur. Es precisamente por esto que aludo a la ética como parte de seguir con dignidad en el negocio de los contenidos.

Lo democrático de la red, lleva a que compartamos espacios de difusión, tanto quienes vemos la información como parte de una responsabilidad, no solo profesional, sino como miembros de una sociedad que parece inmersa en un tsunami de datos que le controlan los intereses que mueven sus días, por completo sumidos en las reacciones más que en el análisis; como con aquellos que producen publicaciones con el fatídico vicio de no medir las consecuencias.  

En El Grifo siempre tenemos presente, más allá de la habilidad por contar historias, construir un buen ecosistema de contenidos, o estructurar una estrategia de comunicación digital; el sentido ético de cada asunto, de cada reto, haciéndonos preguntas base: esto qué aporta a la audiencia, en qué aspecto la guía a tomar decisiones, ¿le da valor a lo que hace?, ¿por lo menos sonreirá? Parecen preguntas obvias, pero que dejan un halo de dignidad al trabajo que realizamos.

Las marcas, ante este fenómeno de la posverdad, de las relaciones tribales sin confrontación, necesitan de unos ecosistemas de contenidos responsables que sepan responder a las demandas de audiencias que quieren informarse, y que por lo menos hagan contrapeso al mar de desinformación que suele generarse del lado de la llamada “democracia de los crédulos”.

El asunto aquí es que el desarrollo de los algoritmos, los nuevos lenguajes, las formas de consumo crecen a unas velocidades que no permiten, a veces, la asimilación de las nuevas reglas de juego. Llevándose por delante a unos usuarios cautivos en las reacciones, en la emocionalidad del instante y en el completo desconocimiento de las consecuencias de la difusión de información falsa o la lapidación de otros usuarios en escenarios virtuales.

Desde la generación de contenido responsable, quienes somos contratados para estas lides, es importante apartarse de los vicios que ya han sido identificados: la creencia en cualquier link sin verificar, la atracción de títulos pensados en la necesidad voyeur, pero sobre todo, subestimar a una audiencia que lo único que quiere es perder el tiempo, así sea unos segundos, pero con calidad.  

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