Hablemos de las planeaciones imprevistas

Hay algo muy “antojador” (al menos para mí) en lo referente a la planeación y la coordinación, y es lo que muchos llamamos “chicharrones”. Yo quiero empezar a desmontarle el miedo a esto, no porque no existan problemas reales ni quiera que les llamemos “oportunidades de mejora”, sino porque resolver chicharrones es la base de la coordinación y la planeación.

Sé que es posible que, al leer lo anterior, lo primero que se venga a la mente es que “si se planea bien, no surgen problemas”. Sin embargo, creo profundamente que esto es falso y les voy a explicar por qué.

Coordinar pensando en la cabeza que mueve cada una de las partes de un cuerpo es asumir que se tiene control absoluto de todo, es relegar a los miembros de un equipo y a las situaciones de un proyecto a extremidades que se mueven a voluntad propia. Sin embargo, en la comunicación, la creación de contenidos y el mercadeo, es algo que está especialmente alejado de la realidad. En primer lugar, porque lo que hacemos permanece sujeto a una percepción muchas veces subjetiva que puede cambiar en el tiempo: por ejemplo, surgir una reunión en la que, en cuestión de hora y media, la idea haya cambiado dado que alguien dijo una frase. Luego, porque cada parte de un proyecto está marcada por la mirada de quien lo desarrolla (ojo, no de aquel que lo coordina).

Esto hace que no lidiemos con tablas de Excel ni con fechas de entrega, sino con algo que sigue un rumbo casi propio. Por eso, lo mejor es no tenerle pereza a lo imprevisto y pensar en cómo solucionarlo para quitar los obstáculos del camino y que el proyecto o producto termine su recorrido de una forma que sea conveniente para el público objetivo, el cliente y el negocio.

Planear, entonces (para no extenderme demasiado), es tener en cuenta obstáculos, riesgos y probabilidades de cada uno de los artistas de un proyecto, pero sabiendo que, con seguridad, algo va a cambiar o hubo alguna cosa que no se pudo predecir. Y, cuando eso pase, hay que hacer lo mismo en una pequeña escala: ver riesgos, oportunidades y tomar decisiones. Una vez esa “planeación imprevista” esté lista y el obstáculo sorteado, sabemos que el trabajo quedó bien hecho.
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