Mercadeo, empatía y sociedad: Una combinación cargada de beneficios

Evadir el componente social de la comunicación es un absurdo que desvirtúa nuestra profesión. De ahí que la empatía debería ser, además de un valor fundamental para los que nos dedicamos a esta área de las humanidades, la forma más eficaz de dotar nuestro mensaje de capacidad de influencia. La empatía es un atributo que hay que dejar ver si queremos que se transmita: “Todos tenemos empatía y quizás no todos tienen el coraje para mostrarla” (Maya Angelou. Escritora, poeta, cantante y activista estadounidense).

Además, es claro que hoy en día hay que hacer mercadeo desde la generación de empatía y el conocimiento de las emociones, temas que ayudan a segmentar a los clientes y definir los productos y servicios que serán lanzados al mercado.

Comunicar no solo debe centrar su poder en vender, sino en satisfacer expectativas. La abundancia de información digital actual debe ser manejada en los medios con inteligencia para no producir desinformación o hasta pánico, por lo que un mercadeo honesto con un sentido social, respaldado por una comunicación ética, debe ser una herramienta de trabajo de las grandes empresas y gobiernos.

Luego de que el acto de comunicar se humanice a sí mismo, este debe humanizar a la publicidad y al mercadeo, que sean del hombre para el hombre. El marketing debe adquirir una dimensión humana cuando se preocupa por el consumidor como objeto de conocimiento y compresión, como alguien que tiene necesidades y expectativas; además debe educar para vender, no vender como fin último de la vida.

Hoy en día mantenerse informado es en apariencia muy fácil, aunque también impera la desinformación, razón por la que los expertos en marketing y comunicación empresarial deben evitar caer en la tentación de pensar por el otro y enfocarse en hacerlo para los demás y sus necesidades.

La empatía como el arte de pensar en el otro

Lo de ser amigable con el medio ambiente, por ejemplo, no es cuento, sino una obligación y una necesidad: las empresas hacen parte del mundo y la sociedad, razón por la que su actuar ha venido cambiando (o al menos debería hacerlo). Lo mismo pasa con el ser humano, que ha descubierto (tal vez un poco tarde, pero mejor ahora que nunca) que el antropocentrismo ya está fuera de foco.

El valor social favorece positivamente la manera en que el consumidor siente que una empresa o marca están contribuyendo de forma tangible a la sociedad y a su comunidad, pues tener visión social en una organización permite que esta sea la que se ajuste al estilo de vida de sus usuarios y no al revés, siendo algo más que posible desde la empatía.

Eso de las empresas grandes, ocultas, misteriosas y de muros infranqueables ha pasado; hoy deben entregarse a las personas para que así sus públicos acudan a ellas a la hora de necesitarlas, razón por la que cada organización debe tener en cuenta variables como el medioambiente, la comunidad, los consumidores, los proveedores, los empleados y las regulaciones: la empatía las hace parte del mundo real porque las conecta con las personas.   

El mercadeo es una necesidad latente en las empresas e instituciones, así como la comunicación lo es en las sociedades, las familias y las relaciones, y más si se tiene en cuenta que la búsqueda de la calidad es hermana de la comunicación y la comunidad necesita de ambas. No es comunicar por el hecho de hacerlo, es generar conversación desde el conocimiento del otro y su reconocimiento como interlocutor.

Aprender a conversar con el otro equivale a homenajear nuestra calidad de seres humanos y es la principal herramienta que le permitirá al mercadeo acercarse a las personas y hacerse para ellas: un buen manejo de la información a la hora de comunicar permite que nuestras decisiones y acciones estén acordes con la necesidad de la empresa en cuanto a nuestro desempeño organizacional, dándonos un enfoque claro de hacia dónde vamos y por qué.

Si desde la empresa no saben comunicarse bien con los demás, no podrán convencer ni motivar, estarán mal informados y no estarán en capacidad de dirigir ni ejecutar con eficacia, razón por la que tampoco serán capaces de educar o aprender, generar cambios de comportamiento o vender ideas que traigan beneficio a la sociedad.

Aquí vale la pena citar a Stephen Covey, un licenciado en administración de empresas, escritor y conferencista estadounidense: “La empatía requiere tiempo, pues la eficiencia es para las cosas, no para la gente”. Así sea que la situación actual del mundo no nos haya enseñado nada acerca de la empatía, aún estamos a tiempo de incorporarla al ADN de las organizaciones y personas, siendo esta posiblemente la mejor oportunidad de entender que hoy, quizá más que nunca, lo que le pase al otro me puede pasar a mí.

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