Nuevos protocolos en la presencialidad: un reto comunicacional

La normalidad, o por lo menos lo que se había convertido en “normal” en las rutinas diarias, cambió y con ella se instauran nuevos protocolos que las empresas deben asimilar si quieren continuar en el mercado. Para ellas el ingenio y una buena estrategia de comunicación combinada con diseños llamativos y funcionales, serán claves en el éxito de cualquier negocio. Un grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge y otras instituciones británicas, proponen 313 ideas para afrontar los nuevos retos.

Mucho se ha hablado de la importancia del lavado de manos, llevar tapabocas, no tocarse la cara y controlar la temperatura. Pero estos protocolos no son suficientes para las tiendas físicas dado que en un mundo donde el distanciamiento físico parece ser la única solución, el abrir las puertas al comercio de la forma en como se venía haciendo va en total contravía, por lo que las medidas tienen que ir más allá de lo que parecería “obvio”.

Como primera instancia, si bien la música será un factor clave para asegurarse de que los clientes pasen mayor tiempo en el local, esta no debe estar a un volumen muy alto para evitar que las personas se acerquen demasiado o tengan que alzar la voz, porque el virus puede transmitirse en las gotas de menos de 0,000005 metros de distancia.

Esta medida también aplica para los espacios de oficina. Las reuniones y visitas en el puesto o pasillo de la empresa no podrán darse como regularmente sucedían. Las distribuciones en el lugar de trabajo deben cambiar, así como la misma circulación dentro de la organización. No solo serán modificaciones como el teletrabajo, los horarios en “semáforo” o los diversos turnos a la hora de almuerzo, sino, también, el pensar en aceras de un solo sentido o diferentes rutas de tránsito dentro de las instalaciones debe ser un mandato para evitar el contacto.

Este distanciamiento plantea un desafío comunicacional fuerte: esto puede generar distorsiones en el clima y cultura organizacional. Si antes una organización podía tener una cultura centrada en el contacto físico, el encuentro con el otro y el relacionamiento, estas serán estrategias corporativas que se modificarán. Algunas de estas nuevas adaptaciones serán el saludo con los codos, el uso de rodillas o espalda para cerrar puertas y la desinfección constante de los puestos de trabajo.

Estos cambios van desde aspectos complejos hasta algunos que parecen más simples como las nuevas formas que deberán adoptar los objetos cotidianos. En este aspecto, los fabricantes y diseñadores tienen un gran reto que se convertirá casi que en una nueva revolución del diseño industrial. Ahora tienen que imaginar nuevas formas y diseños para estos elementos, pero que sigan cumpliendo su misma función.

Por ejemplo, los botes de basura, aspecto fundamental en zonas comerciales y empresariales, si no se adaptan pueden ser grandes focos de contagio. Estos deberán tener nuevos mecanismos para poner la mano encima sin tocar nada y que esta abra. También, las mangueras de gasolina tendrán que ser manipuladas por una sola persona y los timbres para anunciar la parada de bus deben tener otro mecanismo. Puede que el cobre, al creerse que tiene mayores propiedades de desactivar el virus, se convierta en uno de los materiales insignia de este nuevo mundo.

Todas estas serán nuevas metodologías que las empresas deberán incorporar en su espacio empresarial y hacer pedagogía recurriendo a estrategias de gestión de la comunicación para el cambio, con el fin de que sean mucho más llevaderas y fáciles de asimilar en las empresas.

Otra herramienta que implica nuevos protocolos a nivel ciudad es la importancia de la implementación de la tecnología para la contención del virus. Por ejemplo, Medellín se adelantó a la estrategia de tener una app que siga los pasos de los infectados para identificar no solo a las personas contagiadas sino aquellas zonas en donde haya aglomeraciones.

Empresas que tengan su core de negocio enfocado en actividades multitudinarias como eventos, cines, teatro, entre otras, deberán sumarse a estas iniciativas con el fin de poderle brindar la seguridad correspondiente a sus clientes y que sus ventas no se vean perjudicadas por la desconfianza de su audiencia.

Las personas tendrán como gran aliado la geolocalización de los teléfonos celulares para poder ver en el mapa las zonas más congestionadas, mirar qué tan lleno está un transporte público o si el metro tiene espacio en sus vagones. Esto deberá ser un factor a tener en cuenta por parte de las organizaciones ya que puede jugar a favor o en contra según en el lugar en el que estén ubicadas.

Lugares que son reconocidos por ser concurridos y que anteriormente esta era una de sus ventajas, ahora puede jugarles una mala pasada y alejar a la gente. Allí la importancia de anunciar qué se está haciendo y reflejar una imagen de ser un espacio seguro en donde se aplican todas las medidas de bioseguridad. Además, cada marca debe tratar de mirar un poco más allá, analizar lo que está sucediendo y plantear estrategias alrededor de estas nuevas dinámicas para descubrir oportunidades.

Todos estos cambios, aunque podrían parecer ajenos, son retos y aspectos empresariales que modifican las rutinas. Esto a su vez, repercute en un desafío comunicacional ya que depende de esta área que estas modificaciones realmente sí se desarrollen en contexto, se identifiquen oportunidades y debilidades en las cuales trabajar y se eduque a empleados y clientes en las nuevas medidas. Sin una buena estrategia comunicacional que integre estos cambios, la reinvención y adaptación no será exitosa.

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