¿Cómo evitar ser un jefe tóxico?

Ser jefe no solo implica un alto grado de responsabilidad a la hora de dirigir a un equipo de trabajo o de ser quien responde frente a las situaciones que puedan presentarse. Este también influye en las emociones y comportamientos de sus colaboradores; en gran medida estos aspectos dependen de las acciones del líder.

Según estudios de varias universidades alemanas, el 26 % de las personas que se encuentran cerca de alguien tenso muestran niveles muy altos de cortisol. Así mismo, estudios recientes de neurobiología evidencian que una persona transmite señales que pueden alterar los niveles hormonales, funciones cardiovasculares, ritmos de sueño o las funciones inmunes del cuerpo de otras personas.

Esto comprueba cómo las emociones tóxicas son contagiosas y repercuten de forma sustancial en el equipo de trabajo. De aquí la importancia de tener ambientes laborales agradables y sanos. Un jefe tóxico no es aquel que está todo el tiempo encima de su equipo o que comúnmente llamarían “cansón”, estas son solo características de la personalidad de acuerdo al tipo de líder que puede ser usted. Ser tóxico va mucho más allá y tiene implicaciones en la salud mental de sus empleados, sin darse cuenta puede volverlos ansiosos, estresados, negativos y hasta destructivos.

Usted es un referente para sus colaboradores y por ende buscarán agradarle para conseguir su aceptación. Es por esto que empezarán a asumir ciertos comportamientos que los ayuden a alcanzar esta meta y en este punto se desata la negligencia justificada. Esto se explica con una investigación publicada en Journal of Career Assessment, en donde se evidencia que los empleados muchas veces desarrollan actitudes negativas simplemente para alinearse con la organización o tipo de jefe, sin importar que bajo sus ojos esta acción esté mal.

De esta forma, se produce un entumecimiento cultural, en donde los demás comienzan a realizar gradualmente estas acciones perjudiciales. Meret Wedell-Wedellsborg, asesora ejecutiva de líderes y equipos de alto nivel, explica: “No importa qué principios tengan, con el tiempo, los rumbos de su brújula moral cambian hacia la cultura de su organización, dejan de notar cuándo el lenguaje ofensivo se convierte en la norma o comienzan a comportarse de una manera que nunca hubieran esperado de sí mismos”. Así que sí, su toxicidad es pegajosa y va a determinar su clima laboral.

Una característica que se suma a un liderazgo tóxico es tener el sentimiento de omnipotencia, en donde se crean invencibles, intocables e hipercapaces. En esta medida, no le piden ayuda a su equipo de trabajo por su misma creencia de autosuficientes y empiezan a pensar que ni siquiera las reglas, ya sean de la organización o de urbanidad, están diseñadas para ellos.

Las empresas deben ser sumamente cuidadosas a la hora de elegir a sus líderes porque en gran medida estos determinarán el tipo de organización y talento humano. Por esto, no deben descuidar la salud mental de sus empleados, y, sobretodo, de un jefe, dado que de su estabilidad e inteligencia emocional dependerán las demás personas.

Como jefe debe ser consciente que tiene el poder de crear el clima laboral que se proponga y esto implica un alto grado de responsabilidad. Por más campañas o esfuerzos comunicacionales que se hagan para fomentar una cultura organizacional determinada con cierto ideal de clima laboral, este siempre va a estar condicionado por los líderes. En sus manos está el tener trabajadores felices o infelices.

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