¿Cansado de Zoom? Por qué se extrañan las llamadas de voz

La cotidianidad de muchos migró hacia plataformas como Zoom, Google Meets, WhatsApp o Houseparty. No solo como un mecanismo para permanecer en contacto con los seres queridos, sino también para teletrabajar o estudiar. Se volvieron una constante en la vida de muchos y, como la mayoría de las cosas, al convertirse en rutinarias, adquieren la característica de paisajismo y se empiezan a extrañar las prácticas anteriores. En este caso, las llamadas telefónicas.

En los primeros instantes de la pandemia el mundo se volcó hacia las videollamadas porque parecían ser la forma más completa y menos alejada de la normalidad para interactuar con los otros. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo se evidenciaba un rechazo a esta forma de comunicación y los ring ring inesperados o los “podcast” que mandan en nota de voz interminables comenzaron a hacer falta. Las llamadas en video dejaron de ser vistas como una salvación para convertirse casi que en una obligación perezosa y cargada de estrés.

Según el Ministerio de Economía de España, la tendencia se ha materializado en un incremento del 60 % de las llamadas de voz a teléfonos móviles y en un 80 % a los fijos. Esto pone de manifiesto el retorno a esta práctica que se daba por perdida. Pero, ¿a qué se debe? La voz es un gran transmisor emocional y estimulante de la imaginación, esto hace que la persona se conecte de una forma más profunda con el relato que le están haciendo.

Además, de acuerdo con Rosa Baños, catedrática de Psicopatología de la Universidad de Valencia e investigadora en el campo de las nuevas tecnologías aplicadas a la psicología, “El teléfono genera mucha más intimidad en la comunicación. Se olvida el juicio de los demás hasta el punto de que por teléfono decimos cosas que no seríamos capaces de decir en persona”. Esto genera que la persona se sienta más tranquila y en lugar de verlo como una obligación, sea una forma divertida de pasar el tiempo y liberar tensiones.

Por otra parte, las videollamadas pretenden reemplazar de manera más palpable el relacionamiento físico, por lo que la apatía hacia estas es mayor. La ruptura del contacto visual y la alteración en el lenguaje no verbal hace que este relacionamiento cambie y genere más angustia. Tal como lo dice Sherry Turkle, profesora de psicología en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, “ninguna tecnología, por atractiva que parezca, podrá impactar tanto en la experiencia humana como una conversación en persona”.

Otro punto importante que hace que las videollamadas pierdan su foco, es la necesidad constante de estar viendo la propia imagen en la pantalla en lugar de prestarle atención a la conversación. Esto se debe a que existen muchos procesos de autorregulación internos que generan que seamos exigentes con nosotros mismos y no podamos dejar de prestarle atención a este aspecto. Por estas razones, se ha popularizado el término Zoom Fatigue que representa esa fatiga generada de esta práctica.

Sin embargo, es importante reconocer la gran ayuda de estas herramientas en tiempos de pandemia y que no deben satanizarse estas prácticas, simplemente se trata de analizar estas nuevas formas de comunicación y reflexionar en torno a ellas para evidenciarlas también como oportunidades comunicacionales.

Es por esto que Jordi Colobrans, tecnoantropólogo, director de LivingLabing y profesor de sociología en la Universidad de Barcelona, piensa que “el teléfono es algo vintage, un hobby. Es cierto que las videoconferencias suponen un esfuerzo de adaptación y es normal que con el confinamiento la gente se canse. Pero la covid-19 ha ayudado a normalizar la sociedad digital, y las críticas que se hagan a su despliegue obedecen a las incertezas de los tecnoescépticos y tecnofóbicos”.

De igual forma, es importante no generalizar pues lo que le funciona a unos a otros no. Así como algunos retomaron al teléfono, otros le han sacado el jugo a las videollamadas. La pandemia ha dejado nuevas tendencias y narrativas que se convierten en insumos primordiales para las empresas, ya que son elementos importantísimos para planear las nuevas estrategias comunicacionales. Si algo se ha demostrado es que muchas veces menos es más y el regresar a lo simple ya no parece una locura, sino una gran opción.

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