Eventos y marketing de experiencia después del coronavirus

La inmersión juega un papel clave en la creación de experiencias en el entorno digital: hacer sentir a las personas en los escenarios apropiados y vivir los atributos de unas narrativas que se conectan con el ADN de las marcas, es lo que ocupa hoy a las empresas que se enfocan en la realidad aumentada.

Sin embargo el choque se da en el pago de entradas a eventos, que suelen ser de alto nivel, pero que ya tienen que compartir el escenario común de las pantallas planas, donde cada usuario logra traducir su experiencia: webinars, salas de reuniones, canales de influenciadores y transmisiones en vivo en Youtube, tratan de mantener la conexión con las audiencias; y la monetización de los eventos, suele estar en el contacto por mailing, donde se les sugiere a los usuarios pagos para poder regresar a las memorias de los expertos que participaron de foros y conferencias. Una dinámica que relentiza los resultados económicos de actividades que solían ser de alta demanda.

Los congresos y ferias hacen uso de entornos virtuales que simulan recorridos por stands y auditorios, que a partir de estéticas similares a los recintos que muchos conocen, tratan de superar la experiencia de solo estar asistiendo a un evento desde una pantalla.

Los públicos
Los usuarios que nacen con los entornos digitales, a partir de videojuegos, pueden estar más enganchados con estas estéticas y narrativas, lo que lleva al negocio de los contenidos a crear tal vez historias y propuestas, que no compitan con la sensación de estar en un lugar, sino de literalmente participar de una experiencia con protagonistas, antagonistas, expertos y asesores. Tal vez con una historia de videojuego, que no trate de simular la actitud pasiva del usuario al escuchar una conferencia, sino una participación más activa que lo lleve a sacar conclusiones, vivir retos y aprender de las mismos, mientras se va dejando llevar por un guion predeterminado, que se complementa de voces expertas.

Para quienes ven la virtualidad como medio de información, y no ven tan natural una inmersión en los entornos digitales, será más difícil tomar la decisión de comprar una experiencia de este tipo: tal vez no le encuentre el valor al verla como una inversión de riesgo al enfrentarse a una nueva dinámica.

Es un nicho de negocio que ve un escenario oscuro en su futuro: no hay que pasar por alto que el relacionamiento es importante en este tipo de eventos. Las negociaciones, especialmente en la cultura latina, genera más confianza cuando se puede relacionar de una forma más personal con el otro. Aspectos como “me generó confianza”, “sentí empatía” suelen ser la conclusión de una conversación más cercana, que lastimosamente pierde su esencia al momento de encontrarse con un listado de preguntas, o una breve sesión frente a una pantalla.

Sin embargo se trata de experiementar, y ya muchos acuden a empresas como Virtway, donde su propuesta hace una simulación de los espacios propios de un evento, y se construyen los escenarios apropiados para lograr la inmersión necesaria entre los asistentes.

Las herramientas están, las opciones abundan, pero el asunto siempre llega al mismo punto: ¿se vive igual? ¿El público pagará por esto? Puede que sí, pero los costos no serán los mismos.

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