No me hable de cifras, dígame qué está haciendo por el cambio

Más allá de las buenas intenciones, los usuarios quieren saber sobre las acciones concretas con las que las marcas responden a la tendencia del momento: la solidaridad. 

La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) pasó de ser el sumario de acciones de la marca, como parte de un informe de gestión, a ser tal vez la parte a comunicar que genera mayor conexión con las audiencias: estas quieren estar involucradas con marcas que aceptan que hay un cambio que involucra al desarrollo de las personas, a veces desde sus lados más vulnerables. 

Las fundaciones, los voluntariados, hacer partícipes a los colaboradores en actividades que se sustenten en la empatía y compasión, es uno de los cambios importantes que tendrán las comunicaciones de cara a sus públicos internos y externos. De un lado invita a la participación, del otro a la enunciación de una serie de acciones que aportan a una comprensión del otro y su entorno y que potenciará la percepción que tienen los públicos sobre las marcas.

Las voces líderes de quienes suelen organizar estos asuntos en las empresas, se convierten en una fuente importante de los contenidos: son la cara visible de este enfoque en la organización; sus roles comienzan a ser representativos, porque cuentan con un contexto de lo que se ha hecho en esta área durante un tiempo, y hace que las acciones se vean coherentes y no oportunistas; están en la capacidad de mostrar la evolución y cambio en este campo, a unas audiencias cada vez más proclives a la crítica e indignación, al medio percibir un tufillo de oportunismo. 

El tono humano de los contenidos pesa bastante a la hora de comunicar, es decir, las cifras en estos momentos no son relevantes, las historias registradas desde la voz, la imagen de quienes se involucran en estos procesos, lograrán que las audiencias se enganchen con la realidad de otros, aprendida desde los canales de una marca que ya relacionan con parte del cambio, que se comenta tanto en tiempos de crisis.

La historia individual, tanto de quien ayuda como de quien recibe, es un recurso que potencia los discursos, y fideliza percepciones más humanas de los involucrados: uno de los cambios importantes que se vienen es la comprensión de un entorno que merece ser más humano; términos como gestión, productividad, logros, se verán sumidos en un encuentro con el otro, porque son factores que suman en la tendencia más fuerte que se identifica tras estos tiempos de cambio: el desarrollo de las personas a partir de las relaciones de valor con el otro.

La RSE, entra así, a ser prioritaria en las narrativas empresariales, casi que permeando la cultura organizacional, de lo que viven los usuarios “allá afuera”.

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