Salud en boca de todos: ¿cómo ha cambiado la percepción que tenemos de ella?

Lina Castañeda_periodista El Grifo

Bienvenidos al segundo año de la pandemia. Un año en el que la “normalidad”, tal como la conocíamos antes de marzo del 2020, sigue sin regresar. Y tal vez nunca lo haga, porque durante estos dos años aspectos como el trabajo, el ocio, las relaciones y la salud han cambiado. 

Detengámonos un momento en la palabra salud. Esta área ha sufrido grandes transformaciones: en estos dos años la tecnología se convirtió en una aliada de los sistemas de salud y de las personas interesadas en gestionar su propio bienestar, siendo la teleorientación médica un ejemplo de ello. 

Pero los cambios en esta área trascienden las herramientas que utilizamos para gestionarla, siendo algo que se hace visible en la manera en la que hoy hablamos de ella. La salud ya no es ese tema que ocupa una pequeña franja en los medios, se convirtió en una necesidad: muchos queremos comprender sus avances tecnológicos, saber cómo funcionan las vacunas o, incluso, entender aquellos trastornos mentales que afectan a millones de personas en el mundo. 

Sí, mucho se ha hablado de salud. Pero sigue siendo un tema de vital importancia porque al entender nuestra nueva relación con ella y las transformaciones que ha sufrido en estos últimos años, podremos comprender los desafíos que vienen y cuál es el papel que jugamos en todo esto.  

Salud a un clic

Comencemos con una pregunta: ¿cuenta usted con alguna aplicación o dispositivo que le permita rastrear los pasos que da cada día, la calidad de su sueño o la frecuencia de su corazón? Si la respuesta fue sí, déjeme decirle que hace parte de una tendencia que empezó a tomar mayor fuerza tras el inicio de la pandemia: el uso de wearables o dispositivos para monitorear parámetros relacionados con la salud. 

Según un estudio de Global Web Index, realizado en 2021 en Estados Unidos y Reino Unido, cerca del 34 % de los usuarios de internet encuestados tienen un dispositivo de esta índole, siendo el smartwatch el más común, con un 66 %. 

Este mismo estudio señala que el 56 % de los encuestados disfruta viendo los datos que arroja el dispositivo, mientras el 50 % siente que estos le ayudan a gestionar proactivamente su salud y estilo de vida. En este punto cabe hacernos una pregunta: ¿conocer estos datos puede llevarnos a la autoexigencia? 

Este es uno de los grandes retos al que nos enfrentamos como usuarios o potenciales compradores de estos dispositivos: entender que los datos arrojados no dejan de ser variables que deben ser interpretadas teniendo en cuenta el contexto individual y que conocer esta información no nos hace expertos en salud.

Es un hecho que la salud se verá cada vez más impactada por los avances de la tecnología. El 5G, por ejemplo, podrá facilitar la presencia remota de expertos durante intervenciones quirúrgicas delicadas o mejorar la educación de los profesionales del área sin necesidad de viajar a otras ciudades. ¿Pero qué pasa cuándo hablamos de ella? ¿Cuánto ha cambiado nuestra percepción de lo que significa la salud?

Una nueva relación con la noción de salud y bienestar 

Según Google Trends, durante el 2021 las búsquedas de “cómo mantener la salud mental” fueron más frecuentes que nunca en la historia de la página. Así, palabras como depresión, ansiedad o duelo ya no venían cubiertas por un halo de secretismo: miles de personas las guglearon y buscaron consejos, ayuda profesional, rutinas de meditación o cualquier herramienta que les ayudara a sortear las dificultades. 

Todo esto significa que nos hemos vuelto más abiertos al hablar de salud, lo que también implica que demandamos más claridad y calidad en la información, que esta nos permita comprender la realidad que nos afecta y ayude a tomar decisiones en consecuencia. 

Así, los científicos y profesionales de la salud tuvieron que tomarse el tiempo para desmenuzar la información, volverla más clara y hacer que los demás entendieran temas complejos como el funcionamiento de un virus y la efectividad de las vacunas, entre otros. 

Según el Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad (OCTS), durante el primer año de la pandemia los científicos se dedicaron a estudiar con fuerza estos cuatro temas: el virus y la enfermedad, los efectos psicológicos del aislamiento, el tratamiento de los pacientes y la gestión de los sistemas de salud. Todo esto se vio reflejado en el aumento de la producción de artículos académicos, así como en las horas que dichos profesionales pasaron frente a las cámaras y los micrófonos explicando sus hallazgos. 

Y esa es, justamente, una de las lecciones que nos dejó la pandemia: la salud no puede ser un tema que solo deba tratarse en momentos coyunturales, porque todos los días tomamos decisiones que la afectan de una u otra forma. Un ejemplo de ello es el uso indiscriminado de antibióticos, que ha favorecido la aparición de superbacterias, o la expansión del movimiento antivacunas que se vale de la desinformación y el temor para ganar adeptos. 

Por eso, es evidente que la forma en la que vemos y hablamos de este tema ha cambiado: tenemos una necesidad apremiante de conocimiento y de expresar nuestras dudas, sentires y percepciones sobre la noción de salud y bienestar. Esto implica que ya no somos los lectores pasivos de antaño: ahora buscamos comprender y eso nos impulsa a buscar y exigir información. 

Bienvenidos al segundo año de la pandemia, un año en el que estamos presenciando una nueva forma de comunicar la salud para hacerla más cotidiana, accesible y cercana

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