Nuevos perfiles de usuarios

Juan:

“Cálmate, cálmate, Juan”: esta es la frase que constantemente se repite a sí mismo luego de tratar de contar hasta diez. Hoy no fue la excepción. Se sintió asfixiado tras acabar de escuchar que la cifra de personas infectadas por coronavirus se había disparado. Mi abuela, mi mamá, mi hijo… todos eran fotogramas de una película de terror reproduciéndose en su cabeza, imaginando qué podía pasar si alguno de sus familiares resultaba contagiado. 

Juan tiene 35 años. Trabaja en una empresa muy prestigiosa de la ciudad como ingeniero de sistemas. Su padre murió, cuando él era muy pequeño, por una enfermedad diagnosticada tarde. Desde ese momento, es hipocondríaco. Tras comenzar la pandemia ha tenido fiebre, dolor de garganta y dificultad para respirar más veces que el total de contagiados del país. Claro está, todo ha sido producido en su cabeza y la somatización de su cuerpo.

Su vida se vino abajo. Las preocupaciones aumentaron, los niveles de estrés se dispararon y la incertidumbre no lo está dejando vivir. A Juan le gusta el control y en esta oportunidad, lo perdió. Por eso, tal vez ama el hecho de que el presidente extienda la cuarentena, no porque no le guste salir, sino que así se siente más seguro.

Le frustra no poder predecir el virus, no saber si cuando sale a botar la basura quedará impregnado de él en alguna parte de su cuerpo o ropa. Las personas son su principal amenaza. No ha salido en toda la cuarentena y pasará mucho tiempo hasta que decida volver a reunirse con sus amigos, visitar a un familiar o simplemente ir a comer a su restaurante favorito.

tipos de usuario

Ha pedido su mercado a domicilio y se gasta todo el día desinfectando los artículos. Eso sí, averigua todos los protocolos de seguridad antes de comprar algo. Regresó a lo simple, a preferir lo local que lo importado. Adaptó su rutina a la casa: ha hecho ejercicio, compartido más tiempo con su hijo y retomado hobbies que tenía olvidados. 

Su trabajo se convirtió en su principal pesadilla desde el instante en que tuvo que retornar a lo presencial. Allí se topa con todo lo que no quiere, como exponerse al virus y tener contacto con la gente. Esto lo agobia y desacomoda. Cada cierto tiempo vuelve a tomarse la cabeza para repetirse a sí mismo: “Cálmate, cálmate, Juan”. Su mente está en los focos de contagio que tiene cerca, a pesar de que su cuerpo se encuentra frente al computador tratando de programar. Se distrae constantemente. La situación es más grande que él.

Juan es una de esas personas que, si la recomendación es lavarse las manos diez veces al día, se las lava el doble o incluso más. Se sabe todos los datos estadísticos, aunque le causen daño. Compró desinfectantes y mascarillas hasta agotar las existencias de la farmacia. Y sí, también fue de los que adquirió papel higiénico para todo el año. 

Es el “vigilante de la oficina”, por lo que siempre dice cosas así: ¿ya te lavaste las manos? No has desinfectado tu puesto de trabajo. ¿Si cambiaste de tapabocas? No te toques la cara. Tiene a sus compañeros con los pelos de punta y su estrés ha empezado a contagiar a los otros, afectando el clima laboral. Además, comentarios como “Juan sí es exagerado”, “qué pereza Juan tan empeliculado” y “no me lo aguanto”, se escuchan todo el día por los pasillos.

Su actitud no está bien ni mal. Simplemente es él. Sin embargo, en situaciones caóticas hay características que se potencian y que hacen que cambien comportamientos en la forma de consumo e interacción social. Por eso, Juan, es un nuevo perfil de usuario.

Laura: 

Su vida puede ser resumida en una palabra: balance. “Ni mucho pa’ acá, ni mucho pa’ allá”, diría ella. Desde que se conocieron las implicaciones del coronavirus, comenzó a hacer yoga para controlar su energía y no dejarse afectar emocional o psicológicamente por la situación. Ha sabido mantener la calma y tiene una actitud positiva frente a lo que está pasando. Lo ve como una oportunidad para cambiar rutinas y volver a empezar, siendo tal vez un nuevo ciclo. 

Tiene 38 años y es asesora contable de varias empresas de la ciudad. Para ella no ha sido difícil adaptarse a la virtualidad, la ha asumido como un reto profesional y la oportunidad de estar en la casa y compartir mucho más tiempo con su familia. Las videollamadas son su mejor aliado para permanecer en contacto con sus amigos y compañeros de trabajo. En sus tiempos libres pinta, hace recetas y se divierte con juegos de mesa. 

Laura siempre ha sido muy sociable y le encanta escuchar a la gente para luego dar consejos. En su grupo de amigos la llaman: “La psicóloga del grupo”. Por eso, de las cosas que más extraña es entablar conversaciones casuales en los buses con personas que muy probablemente nunca va a volver a ver y, para poder seguir haciéndolo, todavía falta tiempo porque su empresa no ha retomado labores presenciales.

A pesar de mantener una actitud optimista, le preocupa la situación que se está viviendo y lo que pasará más adelante, así que prefiere no lanzarse al consumismo y comprar lo estrictamente necesario. Su meta es ahorrar mucho, por si en un futuro llega a quedarse sin trabajo o las circunstancias se siguen complicando. Se sabe todas las noticias del coronavirus y el desarrollo que está teniendo, eso sí, solo consulta fuentes oficiales y procura no sacar nada de contexto. 

Acepta la cuarentena y pone en práctica todas las medidas de seguridad que se están tomando, aunque no puede negar que algunas le parecen un poco exageradas. Sin embargo, no ha satanizado prácticas como salir al parque a hacer ejercicio en las horas permitidas o poder ir a mercar los días de su pico y cédula con las respectivas precauciones. Los extremos no tienen cabida en su comportamiento. Si bien entiende que esto es algo que necesita cuidado y atención, reconoce que no debe paralizar su vida ni provocarle psicosis. 

Laura es solo un ejemplo de aquel usuario optimista que asume las circunstancias actuales con calma y adopta nuevas formas de consumo, preocupándose por la situación, pero sin dejarse llevar a extremos enfermizos.

Mateo: 

Celebrar. Eso fue lo primero que hizo Mateo al enterarse de que la cuarenta se había acabado. No entiende por qué tuvo que permanecer encerrado en su casa casi por dos meses por “un simple virus que no es tan letal y tarde o temprano les va a dar a todos”. Cuando saca a su perro, aprovecha para quedarse dando vueltas por la unidad residencial y cada pico y cédula visita a sus amigos o novia.

Él lleva su vida al límite. Es aventurero, arriesgado y no le teme a nada. Para él no existe la palabra estrés. Tiene 30 años y trabaja como administrador en una empresa mediana de la ciudad. Vive solo y siempre “le ha picado” la casa. La cuarentena fue su peor tortura y desde el momento en que volvió a trabajar de forma presencial, su existencia fue más feliz.

Detesta ver noticias sobre el coronavirus, se salió de todos los grupos de WhatsApp para que no le mandaran información de la pandemia y hasta bloqueó a su tía buscando evitar que le enviara tantas cadenas. No tiene ni idea de cuántos contagiados van o qué zonas son las más afectadas, tampoco le interesa. Todo le sabe a dicho virus y está harto de eso.  

No le preocupa el escenario actual, simplemente le molesta no poder continuar con su vida. Se ha aislado de la realidad. Es de los que comparten memes, ya se vio todas las series de Netflix y ha buscado nuevas formas de entretenerse. Apoya lo local porque entiende que son emprendedores que están sufriendo por una situación ajena a ellos, así que sus hábitos de consumo se volvieron más de impulso que racionales. Le da pereza cocinar y por eso pide a domicilio la mayor parte del tiempo. 

No busca tranquilidad, solo desea entretenerse. Poco le interesan los protocolos: “Al que le va a dar, pues le dio y punto. Así tenía que ser”. No quiere ver un desinfectante más en su vida. En el trabajo se burla de los compañeros que cumplen las medidas de seguridad y a duras penas se toma la temperatura antes de entrar. Una vez está trabajando, se le olvida que el coronavirus existe. Es de esas personas que llamarían “relajado”. 

Para él, el país sufre mucho más parando su economía completamente que teniendo personas contagiadas. Culpa a los chinos, sí. Cree que todo es un complot y que el virus fue producido en un laboratorio.

Mateo es un ejemplo que da forma a un nuevo perfil de usuario, ese que está hastiado de la situación actual y toma una actitud apática y defensiva frente a la misma. Igual, enfoca su energía y hábitos de consumo en tratar de aislarse de esta realidad.

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