La exigente y demandante generación “Y”

Dividir a los consumidores en generaciones es una estrategia adecuada: la edad es algo que influye demasiado en los comportamientos de las personas, aunque en países como el nuestro, con sus brechas económicas tan gigantes, es la clase social la forma que mejor nos puede llevar a conocer al consumidor y sus hábitos.

Su comportamiento está marcado por la psicología, estados de ánimo, nivel económico y por la forma en que ve y entiende al mundo, por lo que comprenderlo nos ayuda a recorrer ese camino y debe ser uno de los principales aportes del mercadeo, en la medida en que nos puede ayudar a resolver de la mejor manera las necesidades que tiene la persona, siempre teniendo en cuenta las variables a las que está sujeto el mercado desde la cultura, la oferta – demanda, la legislación política, el orden público, el grado de modernismo y modernidad de mercado, el aspecto socioeconómico (progreso, dinero) o el grado de conocimiento que tengan las personas del mundo en el que viven. 

Generación Y: muchas formas de ver el mundo

Esta generación está compuesta por los llamados y poco comprendidos millennials, un público bien interesante para el marketing por todo lo que le ha llevado a pensarse a sí mismo para intentar seducir a un público que cambia tan fácil de opinión, que suele estar tan informado y que cada vez entiende al mundo como algo sin fronteras. 

Con respecto a la generación Y tenemos que hacer lo posible por comprenderla en sus gustos y necesidades, lo que nos permitirá generar EMPATÍA. Lo que conozco sobre esta es gracias a lo que he leído y comprobado con amigos y compañeros de trabajo que hacen parte de ella. Incluso casi quedo inscrito con la Y, por lo que tengo gran influencia de la “Google Generation”.

Esta generación no concibe un mundo sin internet y en muchos casos ni lo recuerda fuera de la web. Además, por su contacto permanente e inacabable con esta, hace que el digital sea un medio tan eficaz para hacer mercadeo, mientras demanda inmediatez y a su vez se hace más receptiva e involucrada con todo lo que es la empresa, hasta el punto de ser estos usuarios quienes proponen nuevos productos o servicios, o al menos modificaciones a los existentes.

Por esto las empresas ya tienen muy en cuenta sus opiniones, pero a veces caen en el error de ignorar todo lo que son quejas, reclamos e inconformidades. La generación Y cree que otros consumidores se preocupan más por sus opiniones de lo que lo hacen las empresas, por ello hacen públicas las suyas. La Y necesita comunicación y retroalimentación permanente, por lo que no soporta estar relegada en estos temas.

Esta es una generación de mente abierta, en parte por todo lo que le ha tocado vivir y por la velocidad con la que ha visto que cambian las cosas. Se caracterizan por ser rápidos mentalmente y por vivir a gran velocidad. Su arraigo a las tradiciones familiares y culturales no es el más estable, en gran medida por la gran cantidad de influencias que tienen de los medios de comunicación y del extranjero, siendo una generación más conectada con el mundo y sus problemas, pero alejada de lo que la rodea.

Siempre ocupados

Los integrantes de la Y están abiertos a vivir nuevas experiencias y a no querer estancarse. Es muy pragmática, cree en lo que funciona, razón por la que el mercadeo experiencial es muy efectivo. No suelen tragar entero por la facilidad que tienen para informarse, lo que les permite refutar con lo que no están de acuerdo.

Pasan más tiempo conectados a la web que viendo televisión. La “Gen-Y” está acostumbrada a estar haciendo algo, a no quedarse quieta, y a hacer muchas cosas al tiempo. Es una generación muy adecuada para venderle, por ejemplo, todo lo que es estudio: posgrados, maestrías, diplomaturas, cursos y estudio online. Incluso cuando niños generalmente estuvieron en clases de fútbol, arte o de cualquier otra actividad con la que los padres los quisieran mantener ocupados o simplemente buscaban que tuvieran algún conocimiento extra que les sirviera para la vida.

A los “Y” los he percibido como buenos trabajadores, pero son esclavos del reconocimiento y del golpecito en la espalda. Eso en parte se nota mucho en algo como las redes sociales. Actualizan sus estados y son felices cuando reciben un “Me gusta” o se frustran cuando no lo hacen. Por crecer en el auge de la tecnología y las redes sociales, les gusta exhibirse, dejar que su vida esté como en un panóptico, además de querer siempre retroalimentarse con otros ya sea en el trabajo, las redes o el estudio.

También son emprendedores, aunque no suelen entender el tener mucho dinero como un factor de éxito. Hablan más de tener un trabajo que les guste, que les permita darse ciertos gustos, pagar sus cuentas y vivir bien, sin necesidades. Prefieren ser reconocidos por tener un buen trabajo, por hacerlo bien y por tener estatus. Aunque aquí me surge una paradoja: a pesar de querer ser siempre independientes, son dependientes de hacer públicas muchas cosas de su vida renunciando a su privacidad y con frecuencia a su individualismo.

Cara a cara

La generación Y no es amante de la publicidad y marketing masivo. Se han ido enfocando al marketing “one to one”, que busca crear lazos más estables entre la marca y el consumidor. Para ello la empresa busca a sus clientes más valiosos para fidelizarlos, mimarlos, cosa que les encanta… eso de sentirse reconocidos.

Son la generación de la publicidad boca a boca, boca a oreja, del marketing viral. Los Y son amantes de tener algo exclusivo, de darse ese gusto, pero no les sacan el cuerpo a las ofertas. Son grandes consumidores de nuevas tecnologías y no les gusta quedarse relegados. Es algo que me parece curioso, porque a pesar de ser considerados una generación ecológica, cambia cada vez que puede (o sin poder) sus artículos electrónicos.

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