La planeación y el valor del presente en los contenidos

Por: Paola Hincapié / Directora de contenidos

Estamos en la temporada de la planeación, de proyectar el año con los discursos y contenidos que integrarán las estrategias de comunicaciones: se observan las tendencias, se analizan las respuestas del año anterior, se quieren optimizar presupuestos y se activa la ansiedad.

Sí, el consumo casi inmediato de los contenidos hace que los medios de difusión demanden una mayor rotación: los medios corporativos compiten por la atención de sus usuarios con otras cuentas de redes sociales, blogs, páginas web, canales, mailing y podcast.

El uso del móvil representa un reto para poder singularizar los mensajes a partir de los intereses o formas de contar, en esto pueden ayudar los conceptos que manejan las distintas plataformas de difusión al interior de la empresa, es decir, cada medio tiene su propia “personalidad informativa”: los usuarios sensibles a la imagen, que gusten del texto, de los memes, las infografías, los en vivo; pueden determinar la estructura del discurso corporativo y cómo este se adapta a cada segmento y formato.

El mismo mensaje se piensa desde la esencia de la plataforma que la acoge, y así se podrá cautivar a los usuarios que son sensibles a su estética y forma de contar.

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Desde la generación de contenido, el aporte consiste en saber traducir los mensajes de la marca a los distintos tipos de audiencia, manteniendo el respeto por su tono y concepto. Sumándole el análisis de respuesta para enriquecer el contenido a medida que avanza el año: son los usuarios quienes indicarán el mejor camino para lograr un impacto; el ecosistema de información se acopla a unas formas de consumo, con sus horarios, intereses e interacciones. De ahí que los planes de comunicación y mercadeo deben ser flexibles a los cambios, esos planes rígidos pensados para un año, están fuera de la escena del consumo actual de información.

Entender que el empleado, colaborador, proveedor y público en general, son también consumidores de redes sociales y contenidos de entretenimiento; obliga a hacer flexible el mensaje de las marcas. La afinidad por ciertas estéticas y patrones, ofrece pistas interesantes para adaptarlas a los contenidos organizacionales.

¿El presente qué aporta?

Aporta información y estado de ánimo de las cuentas. Saber disfrutar de la estrategia en el día a día ayuda a refrescar las ideas que suelen perderse en la rutina corporativa. Por eso la observación, “fuera de la caja”, ayuda a crear mensajes afines a lo que se mueve o consume en determinado momento, dando así un nuevo aire y dinamismo a las comunicaciones de la empresa.

La planeación se replantea desde la percepción del tiempo, la capacidad de respuesta debe estar en saber hacerlo, no solo en la tendencia del ámbito de la marca, sino desde los intereses emocionales que puedan estar ocupando los clics de sus audiencias y que puedan adaptarse a los discursos corporativos. 

El presente aporta, al igual que como se  habla en ámbitos espirituales, a anular la ansiedad que trae un plan de comunicaciones y mercadeo a largo plazo. Si se sabe leer el presente desde el consumo de los contenidos, se puede garantizar una evolución interesante del discurso, de los formatos y las interacciones con las audiencias.

La base de la planeación a largo plazo debe ser el concepto de cada marca y sus objetivos, el cómo, se traducirá a medida que se sepan leer las respuestas de consumo de las audiencias en periodos de tiempo cada vez más cortos.
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