El poder de lo simple

“Hay un principio en el marketing que aconseja hacer las cosas de manera simple, de forma sencilla, como la mejor de las maneras de hacer las cosas. Este principio es el principio KISS. A estas alturas a nadie se le escapa que Kiss (además de beso), es el acrónimo de “Keep It Simple, Stupid!”, es decir: ¡Mantenlo sencillo, estúpido!” (Florent Santos – puromarketing.com)

Una estrategia orientada en su totalidad a alcanzar, demostrar y permanecer en la diferenciación es lo que nos permitirá ser diferentes como organización. Ese diferenciador es el que nos facilitará o no llegar a nuestros clientes y permanecer a su lado.

Estamos en una época donde lo sencillo impera, o al menos eso es lo que el cliente quiere, tanto en el funcionamiento de las cosas como en las ideas. Vivimos a mil por hora, lo que nos transforma en consumidores de productos “fáciles de digerir”. Pero eso no quiere decir que como clientes “traguemos entero” o no entendamos bien las cosas. En mercadeo no solo basta con ser bueno, hay que parecerlo, comunicarlo y además demostrarlo y ratificarlo. Pero, hay que ser claro, directo y evitar ambigüedades. El código entre emisor y receptor debe ser el mismo para que pueda haber retroalimentación.

 

El comportamiento del consumidor se me hace tan impredecible como el mismo ser humano, por lo que todos los esfuerzos, técnicas y estudios que se hagan para conocerlo e interpretarlo logran ser valiosos. El ser humano es un amasijo de pasiones, creencias, juicios de valor, miedos, fobias, pulsaciones y demás, lo que lo convierte en un objeto de estudio muy amplio e inacabable.

Dicho comportamiento está marcado por la psicología, estados de ánimo, nivel económico y por la forma en que el consumidor ve y entiende al mundo.

La satisfacción de necesidades no es el fin sino el camino, lo que sin duda es un gran diferenciador. Entender el comportamiento del consumidor nos ayuda a recorrer ese camino y debe ser uno de los principales aportes del mercadeo en la medida en que éste nos puede ayudar a resolver de la mejor manera posible las necesidades que tiene la persona, siempre teniendo en cuenta las variables a las que está sujeto el mercado.

Un plan estratégico organizacional facilita el tener claro lo que somos como empresa, entendernos, para poder conocer, entender y pasar a la acción sobre nuestro cliente y consumidor. La estrategia no es hacer por hacer, es hacer con criterio y fundamento. Por eso, emplear muchas estrategias puede ser una pérdida de tiempo porque usualmente la más simple y mejor enfocada evita que nos confundamos y que despilfarremos recursos humanos, de mercadeo, comunicación y económicos.

Un gran diferenciador en la empresa debe ser la conquista de los públicos internos como medio para llegarle a los externos. Ser diferente puede ser una diferencia a favor de nosotros, por lo que someter a la competencia sin luchar contra ella sería nuestra forma de diferenciación que parta desde el fortalecimiento de nosotros mismos.

Apostar por lo simple en marketing (ojo, no por la simpleza) es esencial para alcanzar el éxito institucional, pero también hay que tomarse el tiempo para escuchar a las personas y lo que nos está diciendo el mercado, para adaptarnos.

Por: Jorge Santamaría / editor de contenidos

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