Cuando la literatura permanece

La moda (esa cualidad de estar o no en onda) es un asunto que no debería utilizarse para definir el momento que le permite a una obra literaria permanecer o enmudecer. Habría que hablar de pasión y huella, de la capacidad de trascender y ser atemporal. Por eso, las letras mágicas de los grandes escritores permanecen, de pie o sentadas, venciendo los obstáculos de nuestro tiempo. La displicencia, una de las cargas de la juventud y de la época actual, no puede ser mayor a la capacidad de asombro que brota con las grandes obras.

Leer y escribir permite permanecer más allá de los momentos de efervescencia, de los trending topic.“No hay textos fáciles; no busquen facilidad por ninguna parte, no busquen la escalera… No hay autores fáciles, lo que hay son lectores fáciles, que leen con facilidad porque no saben que no están entendiendo… Toda lectura es ardua y es un trabajo de interpretación (Estanislao Zuleta. Sobre la lectura, 1982).

Hacer literatura en tiempos del Instagram y de los 280 caracteres es todo un acto de vida, valentía y libertad, además de un trascurrir, un sueño. Cada vez somos más reaccionarios y menos reflexivos. La lectura, por su parte, es ese lugar donde se encuentran guías del destino, lazarillos picarescos que conducen a través de fortunas y adversidades, alcahuetas que deambulan en la frontera invisible del amor y la tragedia, caballeros de las causas perdidas y escuderos colmados de realidades.

La pasión por las letras nunca puede dejar de valer la pena, por lo que corresponde a cada lector ser parte de su eco. Comprar libros debe ir más allá del acto consumista de llenar una biblioteca antes destinada a guardar polvo o ir a ferias del libro a pasar el rato. Apilar ejemplares por impulso adquisitivo, por hacer caso de unas buenas críticas o por tener algo de la película que se nutrió de esas hojas empastadas ha dejado a mucho libro sin ser leído, en este caso, víctima de una moda.

La lectura salva

Leer es todo un acto de libertad necesario en una era de sumisión mental disimulada, por lo que acoger un buen libro es olvidarse de tener los ojos enfermos y darle a los pies la condición redentora de los pies alados.

Nuestro sistema educativo ha convertido a la lectura en una actividad que acumula datos e información, muchas veces sin tener análisis de por medio. Consumimos lo que se nos sirve en forma de papilla. A veces, incluso, parece que se quisieran criar nuevas generaciones alejadas de la lectura, algo palpable en casi todos los cines del Medellín con esta nueva moda de traer todas las películas dobladas. Pereza intelectual, falta de curiosidad, cero investigación y lectores contemporáneos que se conforman con ser seguidores, fans o trolls abundan entre nosotros.

La literatura puede ir muchos más allá de la imaginación. El fácil acceso a millones de obras nos otorga la posibilidad de conocer y revivir textos apasionantes donde personajes y pensamientos nos sumergen en mundos de dispares formas y sentidos, de distintas formas de sentir que salen desde lo más adentro de cada uno y van hasta donde nuestra existencia se prolonga.

A veces, ante tanta oferta, no sabemos a qué textos acercarnos. Definitivamente tenemos que empezar a leer más para que se nos dificulte menos eso de saber escoger… “La diferencia en cuanto a la cantidad de información obtenida reside no tanto en la validez de la conclusión sino en la calidad de la observación. Lo que se debe saber es qué observar” (Friedrich Nietzsche).

La inmensidad que nos ofrece la literatura hace emerger en sus renglones los grandes problemas o cuestiones que nunca han debido dejar de de inquietar a los humanos, pero cada vez nos alejamos más de nuestra propia divinidad, tal vez esclavos de la adicción a la inmediatez y al like… “Al ser humano se le están cerrando los sentidos, cada vez requiere más intensidad, como los sordos” (Ernesto Sábato. La resistencia, 2000).

Acercarnos a la literatura y al arte en sí, o al menos no alejarnos tanto de este tipo de manifestaciones, nos hace menos efímeros… “Todo pasa. Tan sólo el arte fuerte posee la eternidad. Únicamente el busto sobrevive a la ciudad” (Théophile Gautier, poeta francés). Estas expresiones del hombre muchas veces no generan respuestas, sino preguntas. Y las preguntas, en sí, en su afán de respuesta, pueden llevarnos a ser más creativos y menos triviales.

En definitiva, hoy hay que adoptar un libro en casa… leerlo, rayarlo, releerlo y prestarlo.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dividió en cuatro los tipos de lectura:

  1. Lectura para uso privado o personal. Aquella que se hace con intereses particulares como desarrollo personal o curiosidad y como parte de las actividades de ocio y entretenimiento.
  2. Lectura para uso público. La que se hace en actividades públicas como informes o ponencias; es decir, en voz alta y para compartir.
  3. Lectura para el trabajo. Aquella que sirve para hacer, producir y está relacionada con tareas inmediatas.
  4. Lectura para educación. También denominada didáctica o escolarizada. Es considerada como una lectura para adquirir información y parte de una actividad de aprendizaje donde los textos son seleccionados por el profesor y los contenidos están diseñados específicamente para la instrucción.

Por: Jorge Santamaría / editor Agencia El Grifo

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