La capacidad de pensamiento estructurado en las redes sociales

Uno de los aspectos que más me llama la atención de las redes sociales es cómo han evolucionado para simplificar cada vez más los mensajes o, lo que podría ser aún más potente, para hacer que nuestro interés se quede con los mensajes cada vez más simples.

Si hacemos un recorrido por las redes sociales más importantes y masivas podremos ver este punto: la primera plataforma de este tipo de relevancia mundial fue Myspace. A ella entrábamos para leer qué les interesaba a las personas. Párrafos enteros que describían sus gustos, sus citas románticas ideales y, en ciertos casos, hasta bosquejos de posiciones existenciales. Todo esto acompañado de algunas fotos, según las posibilidades del sistema.

En la segunda plataforma de estas dimensiones, Facebook, podíamos hacer algo similar, acompañado de artículos y notas, pero con un gran peso en el material audiovisual.

Este cambio en los mensajes nos lleva hasta el panorama actual, en el que Instagram y sus fotos y videos cortos conforman una porción masiva de los mensajes que recibimos. Y más allá, ni siquiera son videos que permanecen, sino que están pensados para que desaparezcan a las 24 horas sin dejar una huella significativa.

Del auge de estas historias temporales, que comenzó con Snapchat, da testimonio el hecho de que Instagram, Facebook y Whatsapp las hayan copiado, así como la fuerza que toman los videos (especialmente cortos) y otros contenidos audiovisuales. De esta manera los mensajes estructurados y complejos quedan rezagados y esto modifica la forma en la que pensamos.

No digo que esto sea necesariamente malo: podemos desarrollar otras capacidades como la atención dividida para recibir mucha información a la vez, o para actuar con información limitada. Sin embargo, también tiene riesgos tangibles, uno de ellos, el crecimiento exponencial de las noticias falsas por personas que solo ven un titular y comparten sin siquiera leer el cuerpo de texto y, mucho menos, ver otras fuentes para verificar la información.

Es necesario repensar qué pasará con la información compleja, estructurada y dura de roer, fundamental para el desarrollo de las sociedades: ¿se disminuirá nuestra capacidad e interés para comprenderla? ¿Se reservarán únicamente para espacios académicos o de élites culturales?

Esto también representa un desafío chévere para las empresas, los creadores de contenido, los medios de comunicación: ¿cómo construir material que valga la pena, que conmueva, que rompa con la rutina y que lleve a pensar a través de conceptos sencillos y rápidos?

Ya hay ejemplos exitosos de, por ejemplo, La Pulla, que con videos de cinco minutos pone a reflexionar a la sociedad sobre temas importantes.

Sin embargo, los medios deben prepararse para esto y, nosotros debemos reprogramar nuestro cableado para adaptarnos a contenidos que, por más ligeros que sean, no vayan en contra de nuestra capacidad analítica.

Por: Juan José Muñoz / editor-periodista

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